KAL Beatnik

Voy a participar en mi primer KAL. ¿QUÉ ES ESTO? KAL viene de las palabras inglesas Knit ALong, que es cuando varias personas realizan el mismo proyecto al mismo tiempo, juntas físicamente u on-line. Confieso que hasta hace poco no tenía ni idea de qué se trataba. Lo veía en sitios como Ravelry y me parecía demasiado complicado… Sí, sí, parece más como si hubiera nacido hace 200 años. Bueno, estaba yo navegando por la web cierto día, cuando caí de rebote con el KAL Beatnik para tejer este sweater:

… ¡sweater al gue le tengo ganitas hace rato! Fue diseñado por Norah Gaughan y sus explicaciones (en inglés) están en Knitty. La fecha de inicio del KAL fue el 15 de setiembre pero no hay problema en unirse tarde, como yo, que lo hice la semana pasada.

La lana que escogí es de Nube Hilados, la compré en Buenos Aires el viernes. Hace tiempo que quería hacer algo en color salmón.

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Si bien estamos en plena primavera en este hemisferio y hace cada vez más calor, bueno, ¡voy a llegar bien abrigada al próximo invierno!

Para unirte al KAL los links son estos:

Grupo facebook KAL Beatnik

Patrón Beatnik

Patrón Beatnik adaptado para agujas circulares 

¡Animate! Lo que más me entusiasmó de esto es el compartir el mismo interés, el tejido, con otras personas. Que tengamos las mismas dudas, los mismos líos y enredos laneros, el mismo objetivo.

Cupcakes de Earl Grey con la irresistible Buttercream de vainilla

Post publicado en simultéano con Eat & Knit

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Hello, hello!! Hoy vuelvo con la panza llena y el corazón contento. Estos últimos fines de semana, que los he tenido bastante libres, me dediqué a la kitchen. Yes, ¡a hacer furor y magia en la cocina! Les cuento. Hace dos sábados tomé la decisión de descubrir el hechizo de los cupcakes sobre la gente. Vamos a decir la verdad, ya se volvió una moda, como la mayoría de las cosas. Y es una moda que vino para quedarse. Blogs, sitios webs, libros, revistas, programas de cocina… dedicados única y enteramente a los casquetes (así les llaman en Colonia Valdense, Uruguay). Me paseé por un lote de recetas, sopesé los pros y los contras, consideré opiniones y la cantidad de estrellitas que la gente les ponía.

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En mis alpargatas

Hace unos días entramos en la hermosa estación de la primavera, aquí en el hemisferio sur. Si bien prefiero aún más el verano (por las vacaciones… y el calorcito, claro), me emociona ver otro año más cómo los árboles brotan verdes y se llenan de flores los jardines (¡que me estoy poniendo poeta! opa). En el barrio donde vivo ahora, hay más casas que edificios, así que hay más jardines que vereda. ¡Por endeee!… hay más floresss. Sobre todo, rosas. No sé qué fantasía tendrán los montevideanos o los de Buceo con esta flor pero les agradezco infinitamente por su buen gusto.

Para acompañar esta época del año, en una de esas vueltitas de fin de semana por el supermercado (el Disco de Av. Italia y Propios), haciendo el surtido, me encontré con un par de mujeres mirando y arrimándose a cierto punto de una góndola. Estaciadas por unas alpargatas. ¡Pero no cualquier alpargata! “Alpargata juvenil”, reza en la boleta. Lindos, lindos colores y combinaciones. Estaciada quedé yo también y en el momento no pude decidirme por un modelo. Igual, no me daba la plata. Me prometí que, ni bien cobrara entrado octubre, me compraría un par.

Hoy tocó hacer el surtido para la semana y me acordé. Expresa con el carrito me acerqué a la góndola y la indecisión me asaltó nuevamente. Al final estuve entre dos pares y, consultado J. (my boy), opté por el más discreto. Buscando el n° 35 (tengo piececitos, no pies), ¡reparé en que el número máximo era el 36! (entre los dos modelos que miraba) Me sentí niña… o adolescente, así que lo de “alpargata juvenil” iba en serio. Buscando, buscando, terminé mirando de reojo el otro modelo de alpargatas que me habían gustado, así que me dije “basta, hay que jugársela con un poco de color” y J. que se ría.

Por $ 269 nomás (un poquito más de 10 dólares) te hacés de un calzado práctico y coqueto. Y JU-VE-NIL. Así que desde ahora está dentro de mis favoritos, mis imprescindibles, mis MUST.

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Entre la tierra

Si hay algo que disfruto cada día más, es meter las manos en la tierra en mi cuasi huerta en la terrraza de mi departamento. Tengo plantitas de tomate, almácigos de morrón, romero y menta. ¡Creo que con suerte tengo un espacio de 2 x 1 mts! Y tengo que hacer acrobacias para colgar la ropa.

Pero amo tener ese mini jardín ahí, al alcance de la mano. Ver nacer un brote se me ha hecho todo un descubrimiento de la vida. El respeto y amor que me ha generado… Todos los días, antes de irme a trabajar, corro la cortina de la terraza (porque es cerrada, con ventanas corredizas), para que les de el solcito. Cuando me voy de viaje un fin de semana, lo primero que hago al volver a casa es fijarme si las tomateras están más grandes. ¡Hasta tengo una cebolla y una papa brotadas en la cocina! Qué le voy a hacer, ¡son mis bebés!

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Mi lucha contra el vicio

Soy adicta. Pero no fumo, no me drogo, no tomo (en exceso)… pero tomo COCA-COLA. Qué vicio de porquería pero ¡qué rica que es! Qué lo tiró…

Se ha transformado en una especie de motor diario (sí, leíste bien, DIARIO), me levanta realmente de cualquier estado somnoliento o incluso del cansancio. Si lo combino con un “shot” dulce mi rendimiento aumenta al % 50 (o por ahí…). Hace meses que estoy tomando esta bebida prácticamente todos los días. ¡Lo que Coca-Cola ha lucrado conmigo…! Pero más vale no pensar en “¡lo que podría estar ahorrando yo!”.

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Eat&Knit

Hay dos cosas en la vida que en otro momento me han ayudado a sacar la locura interior que tengo dentro y en estos últimos meses más aún (por ahora mi monstruito interior duerme).  Ya les he contado que esas dos cosas me apasionan en la vida y me siento hiper creativa al sacarles el jugo: la cocina y el tejido. 

Últimamente estoy dejando de ser la cocinerita con la receta pegada a la nariz y me estoy dejando llevar por la intuición y los sentidos, lo que me hace sentir una especie de mini Narda Lepes. En el tejido… bueno… ¡hay quienes piensan que tengo un trastorno por acumulación! Pero no logro ser indiferente a la cantidad de nuevas texturas y combinaciones de colores que se logran en un ovillo de lana de 100 grs. También como en la cocina, me estoy dejando llevar más por la imaginación y el conocimiento adquirido en vez de seguir las instrucciones al pie de la letra. 

Así fue como, juntando dos pasiones, nació Eat&Knit, otro blog de mi autoría que me ayuda más a organizar las ideas y separar los tantos. Porque no creo que a todo el mundo le pueda interesar leer mis rayes… entre receta y tejido. 

¡Está recién sacado del horno!

El dilema de los petisos

Hace un par de semanas  me tomé un bus para el barrio Pocitos (en Montevideo) como todas las semanas, para dar mis clases de las tardecitas. El ómnibus de la línea 104 de la compañía Cutcsa dirección Carrasco cerca de las 18.00 hs estaba repleto de gente, como siempre. Y como siempre, todos los asientos estaban ocupados y a los que subían no les quedaba más remedio que ir parados y ajustarse en el espacio al son de “¡Al fondo que hay lugaaaar!” del simpático guarda. Me subí en 18 y Gaboto, saliendo de facultad, y a esa altura de nuestra importante avenida el ómnibus ya casi no tenía espacio para ir siquiera parado. Casualmente, subimos varios petisos, refiriéndome con este término a personas de baja estatura. Sigue leyendo