Yoga vs. Gimnasia olímpica

El sábado 28 de enero tomé una clase de prueba de yoga en compañía de una gran amiga mía. Con la feria atravesada en la calle y un calor de la masita, nos encontramos en la puerta de Acevedo Díaz prontas para entrar y afrontar juntas una experiencia que sin dudas nos llevaría directamente a la Iluminación.

Nos recibió una recepcionista no muy sonriente, quien de entrada nos pidió silencio, nos hizo pasar al hall central de la casa antigua y sacarnos las zapatillas. Sentadas y quietitas esperamos a que terminara una clase, que podíamos observar directamente porque estaba la puerta abierta. Podíamos ver y escuchar al profesor pelado haciendo “oooommmmm” y repitiendo mantras. Mis primeras muecas de risa empezaron a perfilarse…

Termina la clase, nos hacen pasar al salón principal. Con mi amiga elegimos dos colchonetas que estaban al lado y nos acostamos. La profesora resultó ser la recepcionista no muy simpática, por lo que tuve que procurar guardar mis risitas nerviosas y hacer de cuenta que soy una persona seria y con capacidad de concentración.

A lo largo de toda la clase, que duró una hora, la música de fondo fue el ruidaje de la feria. Imposible no abrir la ventana con semejante calor. Aparte de mi amiga y yo, había una pareja joven de españoles, una señora de unos 50 años que se jactaba de ser instructora de pilates, una muchacha nerviosa pero muy correcta de unos 30 años y un veterano que llegó tarde. Error difícil de enmendar para la profesora no muy simpática.

Nos sentamos en la posición de loto, nos concentramos en la respiración, hicimos el “oooommmmm” y pude notar cómo vibraba mi cuerpo cuando la m salía despedida con el aire de mis pulmones. Los 5, 10 primeros minutos de la clase fueron maravillosos. Pero llegaron las posturas, las asanas. La profe nos mostró algunas de las básicas. Primero las hacía, nos explicaba cómo hacerlas y luego nosotros la imitábamos. La primera fue la sarvangasana, que se combinaba con la halasana, si mal no recuerdo. Nombres técnicos para los ignorantes. Estas posturas son conocidas como la de la vela y la del arado. En el siguiente dibujo queda claro.

De entrada nomás, la prueba de fuego. La primera vez que intenté, lo hice aproximándome bastante a los resultados. Imposible no largar risas (no audibles para la profe), más cuando vi la cara de mi amiga aguantando tal postura. Aflojé, me estiré, tomé impulso… ¡Tanto fue el impulso que casi me desnuco! A mi cuerpo se le dio por hacer una vuelta carnero para atrás que no se concretó porque alguna fuerza física me frenó. Un pensamiento avisó: “me vooooy, me voy para atrás, profeeee”. Pero lo único que atinó a decir la mujer fue “cuiden su cuerpo, es el único que tienen”. Volví rápidamente a estirarme y largué la risotada. No podía ser tan ridícula ya de primera, haciendo algo que significaba tanto para mi.

“Esto no va a poder más que yo. Swami, ¡ayudame!”. Miré la imagen grandota del gran maestro de yoga Swami Sivananda y le pedí a gritos concentración, para lo que el resto de la clase mi desempeño mejoró. La profesora terminó por ayudarnos en las posturas, corrigiéndonos al pasar juntos a nosotros. Pero a mi nada, un sote en rendimiento. Sin considerar mis dotes de gimnasta olímpica, que sólo se califican en el ámbito que les corresponde. ¡Ja! Incluso a la instructora de pilates le movió la pierna para acá, la mano para allá, y varias veces la vi resignada en la colchoneta, estirada, mientras el resto de la clase mantenía una postura. Con el yoga no hay disciplina anterior que nos prepare. Pero por esto mismo somos todos iguales y podemos hacerlo.

No quiero dejar de mencionar el continuo “reeelaaax” que decía la profe cada vez que nuestro cuerpo estaba en posición de relajación. Igual hay que vivirlo para reírse. Tampoco quiero olvidar decir que nos dedicó una gran sonrisa al irnos, quizás producto de nuestras proezas.

Al salir del lugar, mi amiga no hizo más que reírse de mis volteretas y del ruido que profirieron sus articulaciones, a lo que a las horas recibí un mensaje de su parte: “Su destreza en la colchoneta la verdad que me dejó sin palabras, quizás tu camino no sea la música y puede que te duela lo que estoy diciendo, pero luego de ver tus vueltas carnero a alta velocidad, comprendí que tu vida va por el lado del karate o del circo, aún no lo definí.”

A fines de marzo vamos a hacer juntas el curso para principiantes.

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3 pensamientos en “Yoga vs. Gimnasia olímpica

  1. dificil no reirse en clases de yoga, son ruidos audibles por todos lados y el profe o profa en silencio zen serio seria, empiezo largo empiezo largo, algun dia me animo y la hago a serio

    • Hace muchos años tomé también una clase de prueba en otro lugar. Un señor a mi lado se durmió y roncó hasta el final de la clase, cuando la profe pegó un fuerte aplauso para que se despertara. Imposible concentrarme. Suerte!

  2. Hola, a mi me paso igual, basto asistir a una clase de prueba para enamorarme de la disciplina. Hoy, casi ocho años de practicar, y probar varios estilos, mi favorito es Kundalini yoga, Saludos desde Guadalajara Jalisco México.

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