Presa fácil

Estoy tejiendo una cortina para el baño en hilo. No es para una banderola sino para la propia ventana con vidrio esmerilado, por supuesto. Hace una semanas cumplí un año en el apartamento de Avenida Centenario y hace no tanto tiempo atrás me di cuenta que el vidrio no me protege de miradas curiosas. Mi edificio tiene ocho apartamentos, de los cuales tres tienen vista directa a mi baño, aunque sólo uno lo creo sospechoso de observación indebida. No se ve tooodo pero sí formas y colores, lo que en cierta medida me molesta. Por esto decidí hacer la cortina, que me está llevando semanas de trabajo porque llegué al punto en que no veo cómo se hace cada vez más larga. Y me aburro.

Hace una semana me di cuenta que el ovillo de hilo en color crudo de 150 g está a punto de terminarse. Los que tejemos bien sabemos que no podemos agarrar cualquier otro hilo que se le parezca para continuar. Antes quiero aclarar que, cuando lo compré, lo hice con el propósito de hacer un chaleco pero tanto me aburrí de trabajar en Jersey (punto simple, se trabaja derecho) con agujas No. 3 1/2 que deshice lo que estaba en camino y le encontré destino en la Señora Cortina del Baño con la Ventana de Vidrio Esmerilado cuasi Transparente. Penélope, un poroto a mi lado; me la paso deshaciendo y rearmando.


Por suerte recordaba dónde había comprado el ovillo. Ayer (martes) justo pasé por la mercería yendo de un colegio a dar una clase de piano. Entré, sin una muestra del hilo, apelando completamente a mi excelente memoria y describí al vendedor exactamente lo que quería. Me trajo un ovillo de color marfil de la misma marca pero, viendo de donde lo hacía sacado, ubiqué enseguida el que yo buscaba.

– ¡Es ese de ahí! ¡Ese necesito! – señalé con certeza

– Perfecto. ¿Va a llevar algo más?

– No, gracias. ¿Cuánto es?

– Son… mm… 169 pesos.

WTF??? ¡¡¿¿169 mangos??!! Pero sin chistar, sin réplica cortés que saliera de mi tal como “¿No le parece un poco caro?”, ¡pagué! Y me fui. Con el hilo de mi…da bamboléandose en una bolsa de plástico cual único fin será velar por mi privacidad. Con un poco de suerte, la Señora Cortina pasará de generación en generación  o, en mejores condiciones, será disputada en una herencia. Es lo mínimo que merece.

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El hilo de oro / La Señora Cortina en proceso

 

Esto me llevó a reflexionar, como en tantas otras oportunidades, lo fácil que soy para un vendedor. No protesto nunca, a no ser si el producto está roto o en mal estado. En tal situación vuelvo hecha cual demonio de Tazmania. Creo que reconocen el tipo de cliente que soy ni bien pongo un pie en la tienda. Es que si es algo que quiero demasiado o realmente necesito (no podía usar otro hilo), me lo llevo cueste lo que cueste. Me reconforto pensando que, en cierta medida, le estoy dando de comer al vendedor. Aunque en esta mercería no entro nunca más.

Hace unos meses me pasó algo parecido. Amo las galletas de avena Quaker con chispas de chocolate que salen unos 45 pesos en los supermercados. Entré en una dietética por 18 de julio donde hace un tiempo compré cous-cous (que, tras varios intentos, aún no sé cómo prepararlo) y otras cosas que no resultan fácil de encontrar. Identifiqué al vuelo mis galletas y vi que tenían una etiqueta que rezaba “$59”. Me aguanté, era lo único abierto a esa hora de la tardecita, fui hasta la caja, el vendedor miró el precio y dijo “son 60 pesos”. Tendría que haberle dicho “no, son 59 pesos”, pero me agarró en un muy buen día así que me fui regalando un peso.

Soy una presa fácil.

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2 pensamientos en “Presa fácil

  1. jajaja! 2 cosas

    – la parte de: WTF??? ¡¡¿¿169 mangos??!! me dio mucha gracias jaja, el relato esta todo escrito como una novela de principio de 1900, pero con esos sobresaltos lo hace muy gracioso

    – Esa galletas si son las que ahora recuerdo, están pro. ¿la tienda esa seria una que se llama Singer, cerca de la plaza de los bomberos? en la misma cuadra de un teatro, el Galpón creo.
    Si es en esa, pa… que malandros!! encima que se ganan caso el 200% en ganancia sobre esa galleta, te fajan un peso mas.

    Muy buen relato!

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