Gracias, John… y Shakira

El ómnibus (colectivo, micro, bus urbano) es mi espacio de meditación diaria más frecuente. Paso ahí adentro quizá un par de horas yendo y viniendo, de un lado a otro, en esta hermosa pero tumultuosa ciudad de Montevideo.

Todos los días, me devano los sesos intentando descubrir el significado de cosas, cosas de la vida, queriendo imitar a grandes filósofos. Los temas son variados, pero generalmente me centro en algunas en particular, y la del día de hoy fue la siguiente: nacemos enteros, llenos de amor, no hay que buscar afuera. Si existiese una sola palabra para resumir esto, ¡te pido por favor que la compartas conmigo!

Esta tarde de sábado fui a estudiar órgano de tubos, instrumento que toco hace casi siete años (estoy terminando la preparación de un concierto). Volviendo de la iglesia, tomo la línea 192 para que me deje bien enfrente a casa. Hoy no tengo ganas de escuchar música con el mp3. Tengo días para hacer una cosa y días para hacer otra en el ómnibus. Como no hay música fuerte sonando en mis oídos, me concentro en mi mente, que se pone chocha de felicidad cuando nota que le presto atención y la dejo correr libremente. Falta que compartamos un mate y una bolsa de bizcochos. Pero hoy no es como otros días, que me enrieda y me termina amargando, sino que está tranquila y se sienta a reflexionar. No puedo precisar por todos los lugares por los que pasó porque la mente es como un mono, salta de una rama a otra, de árbol en árbol. Y así voy, así me lleva, saltando de un pensamiento a otro, hasta que recuerdo algo que hace muy poco leí de John Lennon. Lo expongo a continuación.

Nos hicieron creer que el “Gran Amor” sólo sucede generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que nacemos enteros, que nadie en nuestras vidas merece cargar en las espaldas laresponsabilidad de completar lo que nos falta. Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía, es más agradable. Nos hicieron creer en la fórmula llamada “dos en uno”, dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia, podemos tener una relación saludable. Nos hicieron creer que el matrimonio es obligatorio, y que los deseos fuera de término deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más felices. Nos hicieron creer que sólo hay una formula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapaban de ella estaban condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito. Y entonces, cuando estés “enamorado de ti mismo”, podrás ser feliz y te enamorarás de alguien. Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia se practica a plena luz del día.

Después de recordar esto, pasé por otros rincones de mi memoria, recordando sin duda mis relaciones sentimentales fallidas, donde siempre busqué que el otro me brindara una felicidad que yo no era capaz de encontrar en mi.

Cerca de llegar a casa ya, la radio del bus hizo sonar “Ciega, sordomuda” de Shakira (“Uy  ¡no!”, tema que no me gusta), a lo que mi mente evocó pensar en la actual vida de la cantante, de lo chocha que estará con su bebé en camino y con el hombre que quiere al lado. Entonces pensé: ¿será que Shakira igual siente en algún momento un estado de vacío, a pesar de tanta aparente felicidad? ¿Cuántas veces sentí vacío en mi interior a pesar de tenerlo todo? Y la respuesta vino a mi: la sensación de plenitud que experimenté estando en pareja en ciertos momentos, fue rellenar parcialmente el vacío que otras veces sentí, ¡llenando ese espacio con el amor que yo misma me puedo brindar!

La sonrisa que apareció en mi cara… ¡inexplicable! Llego a mi parada de destino, bajo del bus y largo la carcajada pelada. ¿Cómo, después de haber leído tanto texto sobre el tema, no había podido darme cuenta de eso? Quizá hasta lo dijera en voz alta y todo, pero por dentro aún no lo había procesado.

Hoy me di cuenta que no puedo depender de otra persona para “llenar el vacío”, soy yo misma “el amor de mi vida”. Ahora sólo quiero darme un abrazo muy, muy grande.

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