El dilema de los petisos

Hace un par de semanas  me tomé un bus para el barrio Pocitos (en Montevideo) como todas las semanas, para dar mis clases de las tardecitas. El ómnibus de la línea 104 de la compañía Cutcsa dirección Carrasco cerca de las 18.00 hs estaba repleto de gente, como siempre. Y como siempre, todos los asientos estaban ocupados y a los que subían no les quedaba más remedio que ir parados y ajustarse en el espacio al son de “¡Al fondo que hay lugaaaar!” del simpático guarda. Me subí en 18 y Gaboto, saliendo de facultad, y a esa altura de nuestra importante avenida el ómnibus ya casi no tenía espacio para ir siquiera parado. Casualmente, subimos varios petisos, refiriéndome con este término a personas de baja estatura. Sigue leyendo