Entre la tierra

Si hay algo que disfruto cada día más, es meter las manos en la tierra en mi cuasi huerta en la terrraza de mi departamento. Tengo plantitas de tomate, almácigos de morrón, romero y menta. ¡Creo que con suerte tengo un espacio de 2 x 1 mts! Y tengo que hacer acrobacias para colgar la ropa.

Pero amo tener ese mini jardín ahí, al alcance de la mano. Ver nacer un brote se me ha hecho todo un descubrimiento de la vida. El respeto y amor que me ha generado… Todos los días, antes de irme a trabajar, corro la cortina de la terraza (porque es cerrada, con ventanas corredizas), para que les de el solcito. Cuando me voy de viaje un fin de semana, lo primero que hago al volver a casa es fijarme si las tomateras están más grandes. ¡Hasta tengo una cebolla y una papa brotadas en la cocina! Qué le voy a hacer, ¡son mis bebés!

Pero no nos vayamos por las ramas… Ayer tuve la tarde libre (¡de no creer!) y me dediqué a trasplantar el romero y la menta a macetas más grandes, porque todavía las tenía en las que vinieron de la feria. Había tenido un par de veces encuentros con una lombriz gorda que vivía entre la tierra del romero. La última vez fue cuando moví su maceta accidentalmente, sacó su “cabeza” para afuera de golpe y nos quedamos inmóviles ambas, estudiando el movimiento de la otra. O cuál sería la primera en rajar.

Cuando me senté con un banquito a hacer los trasplantes, fiché la lombriz para pasarla a la maceta de los tomates, ya que no les vendría nada mal tener un poquito de ayuda para mejorar su tierra. Ni bien moví su maceta, salió entera, la enganché con un palito y ¡plop! para las tomateras. Pero no se sintió muy feliz… La noté desconcertada, perdida, intentó salir y yo que pensé que por el plástico de la maceta no se iba a deslizar… No logró meterse para abajo de la tierra. Al final hice un hueco grande con el dedo y se quedó ahí toda la noche (porque esta mañana me fijé cómo estaba). Pero hoy no me animé a moverla para no molestarla.

Lo más increíble fue cómo me hizo sentir esa lombriz y lo que me hizo recordar a cuando era niña. Recuerdo patente estar en la casa de F. (amiga desde los 4-5 años de edad, quien quizá lea este post) cortando lombrices y lo fantástico de ver cómo se “reproducían”. Así que me quedé rato observándola, sentada en el banquito, pensando en esos ratos lindos del pasado. Y me hizo sentir niña otra vez.

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