¡Fuera, bajón!

Es cosa de locos… Termino de publicar el post de esta mañana, en el que expresé el desánimo que tenía porque no me llamaban del trabajo que tanto quería… ¡y me avisan que empiezo la semana que viene! Al rato recibo un mail con los horarios y los cursos. Es cosa de locos

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Bajón

Esta mañana me suena en la cabeza la canción “The Scientist” de Coldplay, pero sólo la parte que dice “nobody said it was easy”… Hace años que me paso febrero mandando el currículum a distintos colegios y nada. Todos los años lo mismo: salir a buscar trabajo. Y hoy, estoy cansada.

Trabajo como profesora de música, por ahora en dos colegios privados, pocas horas por semana. Los sueldos en Uruguay para los docentes son, lamentablemente, lamentables. Y al trabajar pocas horas, lógicamente lo que recibo no es ninguna millonada. Por lo menos tengo seguro médico. Y aporto mínimamente a la jubilación, que percibiré dentro de 40 años. Complemento mi sobrevivencia con pichuleos: clases particulares, trabajitos para instituciones, eventos. Pero necesito algo fijo. Porque las cuentas van a seguir llegando para vencerse en la misma fecha…

Cuando esta semana empezó, tuve una entrevista en un colegio donde me gustaría trabajar muchísimo, pero mucho MUCHO. Quedaron en llamar para ver horarios… y “cric, cric”, silencio. Trabajar ahí sería otro tipo de libertad económica, y también me permitiría renunciar a otro en el que ya no soporto más trabajar con mi colega. ¿Conocen el término “personas tóxicas”? Buena, es una de ellas. Son años soportando gente irrespetuosa y que encima es haragana. Pero sería muy largo de explicar ahora esta situación.

Hoy lo único que quiero es zamparme un buen combo en Burger King (cuando estoy mal, me viene ansiedad/angustia oral) y encerrarme en casa a tejer, leer Games of Thrones o mirar diez capítulos seguidos de The Big Bang Theory.

Por otro lado, J. me contó hace unos días que echaron a una compañera suya de trabajo que, paralelamente, realizaba decoraciones para fiestas y estaba teniendo mucho éxito. J. me dijo: “Con la plata del despido y metiéndole garra, puede montar un negocio super solvente”. Así que pienso… ¿será que, por más que insista, no debería dedicarme a la docencia? Quiero decir… que este sería el momento para animarme a hacer otra cosa, pensar en otro “negocio”. Otros estudios que no sean musicales no tengo, pero he descubierto que soy bastante manual y puedo crear cosas que gusten.

No sé, entre la hamburgesa y las papas fritas reflexionaré.