La vida de las semillas – Parte 1

Mi abuela me preguntó para qué iba a germinar una semilla de limón siendo que podía comprar un arbolito que ya pudiera darme frutos. Mi respuesta fue “quiero verlo desde el principio”. Y el principio es la germinación. Nos maravillamos con lo que significa el milagro de la vida humana e incluso la animal, pero no apreciamos tanto la vegetal. En más de una casa he visto plantas chamuscadas, con mucha falta de agua y/o sol, olvidadas en un rincón. Ni hablar de los pobres árboles en la calle.

Desde que obtuve plantas de tomate y morrón a base de semillas, empecé a experimentar con otras. Junto y junto, guardo prácticamente todas las que caigan en mis manos. Hoy voy a empezar por contar sobre las de limón.

El método de germinación que más me ha servido es el del algodón húmedo. En un frasco, vaso u otro tipo de recipiente hay que colocar una cantidad generosa de algodón bien mojado. Se pone la semilla sobre el algodón y se la envuelve con éste, hasta quedar completamente tapada. Hay que controlar que el algodón siempre esté húmedo.

Germinación de semillas de limón

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Estas semillas hay que obtenerlas de un fruto de buena calidad, es decir, de buen color y sabor. Se las saca enteras y se las deja secar unas horas. Cuando estén bien secas, hay que pelarlas (con la uña se puede) y sacarles la cáscara amarilla. Aparecerá una semilla de tinte marrón con un culito oscuro. Ojo que no se parta a la mitad.Empleando el método de germinación con algodón, el primer brote aparecerá a los 15-20 días. Incluso puede tardar un mes.

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Los primeros tomatitos

¡Cómo se me junta todo lo que quiero contarles…! Me he pasado pensando y sacando fotos para el blog, ¡pero nada! Hoy recién me tienen de vuelta. Pero bueno, ahora que estoy entrando en vacaciones escolares (yeah, yeah, baby!!) (les recuerdo que soy profesora) voy a tener mucho más tiempo para ustedes.

En estos días estoy alteradísima pero de contentura (=mucha alegría) porque las flores de mis tomateras están dejando paso a unos tomates bien pequeñitos.

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De las tomateras y otras cositas del huerto

Tarde de domingo, sol a pleno, budín inglés recién salido del horno y el estudio a un lado. Tenía varios trabajitos pendientes en la mini huerta que tengo en la terraza de mi departamento y no daba para más estirarlos en el tiempo. El sol está cada vez más agresivo y los plantines pedían a gritos otro espacio. Así que… ¡manos a la tierra!

Primero, mucha, mucha agua. Tengo dos macetas con plantas de tomate. La “grande” tiene tres y la jardinera, dos. Estas últimas, creo que por falta de tierra, consumen el agua mucho más rápido y sufren más con el calor y el sol; cuando vuelvo a casa de tardecita me encuentro que están pachuchas, entonces las meto en “cuidados especiales”, como me gusta llamarle.

Hace semanas atrás encontré varios ramillitos de pimpollos en todas las plantas, lo que se transformó en gran alboroto, entusiasmo y emoción para mi, porque finalmente, tras dos intentos fallidos con tomateras, veo la posibilidad de cultivar en mi propia casa. Y de que no soy una inútil en jardinería, después de todo.

Hace tres días, me di cuenta de que algunos pimpollos se alargaron y otros ya estaban por abrir. Reconozco que se me piantó un lagrimón. A tres días, esto es lo que contemplo fascinada:

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Entre la tierra

Si hay algo que disfruto cada día más, es meter las manos en la tierra en mi cuasi huerta en la terrraza de mi departamento. Tengo plantitas de tomate, almácigos de morrón, romero y menta. ¡Creo que con suerte tengo un espacio de 2 x 1 mts! Y tengo que hacer acrobacias para colgar la ropa.

Pero amo tener ese mini jardín ahí, al alcance de la mano. Ver nacer un brote se me ha hecho todo un descubrimiento de la vida. El respeto y amor que me ha generado… Todos los días, antes de irme a trabajar, corro la cortina de la terraza (porque es cerrada, con ventanas corredizas), para que les de el solcito. Cuando me voy de viaje un fin de semana, lo primero que hago al volver a casa es fijarme si las tomateras están más grandes. ¡Hasta tengo una cebolla y una papa brotadas en la cocina! Qué le voy a hacer, ¡son mis bebés!

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