En mis alpargatas

Hace unos días entramos en la hermosa estación de la primavera, aquí en el hemisferio sur. Si bien prefiero aún más el verano (por las vacaciones… y el calorcito, claro), me emociona ver otro año más cómo los árboles brotan verdes y se llenan de flores los jardines (¡que me estoy poniendo poeta! opa). En el barrio donde vivo ahora, hay más casas que edificios, así que hay más jardines que vereda. ¡Por endeee!… hay más floresss. Sobre todo, rosas. No sé qué fantasía tendrán los montevideanos o los de Buceo con esta flor pero les agradezco infinitamente por su buen gusto.

Para acompañar esta época del año, en una de esas vueltitas de fin de semana por el supermercado (el Disco de Av. Italia y Propios), haciendo el surtido, me encontré con un par de mujeres mirando y arrimándose a cierto punto de una góndola. Estaciadas por unas alpargatas. ¡Pero no cualquier alpargata! “Alpargata juvenil”, reza en la boleta. Lindos, lindos colores y combinaciones. Estaciada quedé yo también y en el momento no pude decidirme por un modelo. Igual, no me daba la plata. Me prometí que, ni bien cobrara entrado octubre, me compraría un par.

Hoy tocó hacer el surtido para la semana y me acordé. Expresa con el carrito me acerqué a la góndola y la indecisión me asaltó nuevamente. Al final estuve entre dos pares y, consultado J. (my boy), opté por el más discreto. Buscando el n° 35 (tengo piececitos, no pies), ¡reparé en que el número máximo era el 36! (entre los dos modelos que miraba) Me sentí niña… o adolescente, así que lo de “alpargata juvenil” iba en serio. Buscando, buscando, terminé mirando de reojo el otro modelo de alpargatas que me habían gustado, así que me dije “basta, hay que jugársela con un poco de color” y J. que se ría.

Por $ 269 nomás (un poquito más de 10 dólares) te hacés de un calzado práctico y coqueto. Y JU-VE-NIL. Así que desde ahora está dentro de mis favoritos, mis imprescindibles, mis MUST.

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